Norteamérica, territorio multifacético con grandes riquezas naturales, metrópolis únicas, multiplicidad étnica, tres lenguas alóctonas de las más importantes del orbe: Inglés, Francés y Español, y más de 250 lenguas nativas, es el tercer territorio más extenso de toda la superficie terrestre, tras Asia y Africa, cubriendo 24.315.410 km² y albergando 480 millones de habitantes.

Sus pobladores primigenios, grupos étnicos endémicos y emigrantes asiáticos, venidos a través del estrecho de Bering, fueron colonizados sucesivamente por hispanos, galos y sajones, quienes los diezmaron y confinaron los pocos sobrevivientes a territorios aislados improductivos llamados, paradójicamente, reservas.

Norteamérica, p osee el común de climas del mundo, así como tundras árticas, bosques, llanuras, cadenas montañosas, desiertos, cataratas, cañones, lagos, mares, playas y manglares.

Recorrer su territorio es descender del territorio de los Inuits, llamados erróneamente y durante siglos “esquimales”, hacia las ciudades fortificadas de los Hurones quienes habrían adoptado este nombre de la piel del castor utilizada como protección del frío y, a través de las extensas planicies, valles y montañas de la Unión de hoy, identificar Iowas, Comanches, Potawatomis, Miamis o Cheyenes hasta el Sur, que fue Norte mexicano , allí mismo donde floreció el más grande imperio de Mesoamérica, el Estado Mexica, venido –parece-, de Aztlán. Pese a su dominio y poderío económico, político y militar, a su rica y compleja tradición cosmológica, filosófica, religiosa y artística, un imperio más sucumbió a la invasión hispana encabezada por Cortés de cuyas conquistas nació la denominación “aztecas”, la cual nunca tuvo nada que ver con Náhuatl, Mexica.

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